5 de agosto de 2009

Resumen narcisista de mis vacaciones


Conseguí conectarme en mis vacaciones a una placenta artificial, compuesta de nutritivos liquidos. Mediante tubos todos mis sentidos se hallaban prestos al disfrute. Lo visual, lo sonoro, la táctil, todo estaba a mi alcance. Desligado del mundo, solo, en la oscuridad elegida, tanques de cerveza helada me suministraban la ligera embriaguez, necesaria para que la vida no tenga el carácter férreo del resto del año. Alejado a voluntad de los hombres, me fijé en lo que estos producen, más allá de la mediocridad del día a día. En mi Torre de placenta-marfil, hice mis elecciones estivales, que paso a describir:


Música: sin lugar a dudas, Cocteau Twins con su album Heaven or Las Vegas. La voz de Liz Fraser, maravillosa, filtrada por máquinas, doblada, al igual que esas guitarras que no son guitarras para abandonar el aceite de los garajes y convertirse en Arte. Y luego, claro está, el disco de Primus, cuyo nombre mo quiero recordar, sino recrearme en su portada, como una especie de trío de cerillas sonrientes emergentes del agua, como una broma pictórica más de Odilon Redon. Ojo, que el cd engancha cuanto más lo escuchas. Y, por último, el disco de remezclas del Voltaic de la incandescente, islandense, e iridiscente Bjooooooork. Jamás nadie te ha amado tanto como yo, querida diva.


Cómic: el gran descubrimiento, la revelación, el territorio inexplorado, ese lenguaje que prometo, volveré a surcar en los próximos trimestres. Desde el From Hell, con su summa victoriana donde hasta mi amado John Merrick hace acto de presencia, pasando por algunos episodios de Thorgal, con su vikinga y mágica peripecia, o los dibujos de Alex Raymond para Flash Gordon, con sus siluetas femeninas, sus Reinas-Dido despreciadas, o Mort Cinder, la saga con marchamo argentino, de extraños viajes temporales y mundos pretéritos, y no tan pretéritos. O el Retorno del caballero oscuro, donde la utopía se convierte en mi caso, en rollo adolescente con la chica Robin, en plan batidos de fresa, yo me entiendo.


Libros: Alta Fidelidad de Nick Hornby, por su amor ilimitado a los discos y a las rarezas del discófilo verdadero, y a los miedos, inseguridades e ingenuidades del hombre verdadero. Y un libro sobre la explotación del Congo por Leopoldo II, o como la rapiña y la maldad no conocen tiempo y lugar, y si no, miremos ahora al Congo-coltán.


Eventos: paseo en barco por el río. No es Culture Club pero las aspas de mi barco merecían un Missisipi más tórrido y chicas que bailen can can, exhalando efluvios a la concurrencia. Exposición de autómatas, creados en el París decimonónico. Mantengo que en esas figuras anida un alma oculta y terrorífica. El paso del tiempo destruye su contenido infantil y lúdico para darles un barniz perturbador. Concierto de jazz con un solo de saxo de George Garzone, acompañado y mecido por el resto del cuarteto, que fue para mí la mejor metáfora del acto sexual como diálogo y fiesta. Solo de saxo sin solo de sexo.


Cerveza, cerveza, cerveza, Pilsen, Pilsen Pilsen, helada, helada, helada.


Y, por supuesto, Bill Ward y sus mujeres culonas, tetudas y tan reales, en mi huevo-placenta.


Gracias a Carmen, por su sonrisa a lo Harrison Ford. A Curro, por sus inefables garitos con amplificadores Nad. A la Gótica, por mostrarme al fin sus piernas lechosas y robustas. A Deivid, por sus minipisos y sus maxiequipos. A Mara, por reconciliarme con el ciclocross. A German´s, por dar siempre las gracias. A la Jefa y a la sister, porque son family, y punto. A la rusa que vi con vaqueros y blusa roja, porque espero que sea lo que espero que sea. A Daieg, por todo lo que nos separa en música, que es casi como tocarse por el otro extremo, y por tanto, una forma de unión.


Corto el interruptor placentario y vuelvo al tajo. Blurrrp.

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